Xena

Xena

Zaragoza
Octubre de 2011

Xenita,  chiquitina, nuestra adorada princesa guerrera,
¡¡Cuanto te echamos de menos...!!
¡¡Que sóla y vacía se ha quedado la casa sin tu alegría...!!
Nos has regalado ocho años maravillosos, que no olvidaremos nunca.
Cuanto hemos gozado viéndote disfrutar del campo, de los días soleados,
de tus payasadas y tu glotonería, tragonceta.
Cuantísimo cariño nos has dado, y cuantísimo amor de tus tatas te llevas contigo.
Desgraciadamente, el maldito tumor ganó la batalla, y aunque fuerte y valiente como siempre,
seguiste luchando hasta el final, no podíamos permitir que sufrieras más.
Te acompañamos en tu último viaje, y te quedaste dormidita en nuestros brazos, con un suspirito
de alivio, por poder descansar al fín del dolor de los últimos días.

Tu ausencia nos ha dejado muy tristes, y no dejamos de recordarte ni un sólo momento.
Como te prometimos en tu último paseo, volverás a correr por los campos eternamente, sin cansarte
y sin dolor, pues esparciremos tus cenizas al viento en una de esas mañanas soleadas, que tanto te gustaban.

Siempre te recordaremos, preciosa y seguiremos soñando con el día en que volvamos a reencontrarnos al otro lado
del Puente del Arco Iris.